LA FUERZA DE LOS PRINCIPIOS

Son reflexiones a propósito de la presentación del libro “La Fuente del Pueblo, memorias de Cuevas Bajas, 1940-1960”de Manuel Lara Guillén. Aquel día en la Bisbal d’Empordà vivimos una fiesta sensacional. Nunca había visto nuestro Teatro Municipal, El  Mundial, con  tan magnífico aspecto como el que mostró aquel viernes; atestado por un gentío inmenso, transversal y diverso, donde sin excepción de ningún tipo estaban representadas las diferentes sensibilidades que hoy conviven en la Bisbal.

La presentación fue de lujo. Xavier Besalú, gran experto en educación intercultural mostró su vertiente más combativa y didáctica. Antoni Puigverd, empapado por esta sensibilidad poética que nunca lo abandona, nos deleitó con su inmensa capacidad de análisis, enriquecida en esta ocasión con el plus de emotividad del bisbalense ejerciente, que disfruta de las cosas que se hacen bien en su patria chica.

El libro, escrito en castellano, en un lenguaje llano y a la vez riquísimo en matices, es un emotivo canto a los orígenes de un hombre que un día, empujado por la necesidad y las privaciones de la posguerra, tuvo que dejar su tierra para buscarse la vida allá donde hubiera trabajo. Lo historia de un jornalero andaluz, que con la fuerza de su trabajo y la ética del esfuerzo como únicas divisas, no tan sólo sobrevivió dignamente en tierras extrañas, de lengua y talante diferentes, sino que se ganó a pulso la ciudadanía de pleno derecho en las tierras de acogida. Y por supuesto, también en Catalunya.

Un hombre que ha sabido ganarse a pulso y con el sudor de su frente, la estimación de los lugares donde se ha establecido, un privilegio al alcance de pocos, y al que la fuerza de los ideales y la insaciable curiosidad de la autodidacta ha convertido en sabio escritor.

Manel-Manolo Lara se emocionó profundamente en aquel acto del que era el protagonista principal, y nos emocionó a todos los asistentes: no había por menos. En su emotivo parlamento, en el que educadamente por la presencia del alcalde y otros vecinos de Cuevas Bajas, alternó nuestra lengua común con la castellana de sus orígenes, habló del pasado, pero también y en coincidencia con el señor alcalde de Cuevas Bajas, también del presente.

Ambos se refirieron a la terrible dureza de una época fratricida, con sus inevitables secuelas de hambre, miedo y miserias de todo tipo. En sus respectivos parlamentos flotó la imperiosa necesidad de recordar siempre lo historia para que no se repita, ni siquiera en clave de farsa como decía Marx, siguiendo a Hegel.

Manolo habló de explotadores y de explotados, de los terribles excesos cometidos por los “hooligans” de aquellas dos Españas que se resisten a extinguirse. Pero también de perdón y reconciliación.
Los momentos más emotivos fueron sin embargo aquellos en los que con honda recordó a su amigo y compañero Lluís Maruny Curto, coautor del primero de sus libros, y recientemente fallecido.

Todo me hace pensar que el de viernes constituye uno de los momentos álgidos de la existencia de Manuel Lara, vivida y trabajada como pocas. Rodeado de familiares, compañeros de lucha política, amigos y conciudadanos, lo vi como un hombre feliz, con aquella cara de lúcida serenidad que el destino reserva en exclusiva a la buena gente. Confieso que me emocioné, y en un momento del acto evoqué las estrofas de “Te he conocido siempre igual” aquella gran canción de Raimon que me atrevo a adivinar que también está entre sus juglares predilectos.

Testimonios como los que recoge su libro son ya historia, y desde aquí me añado a la petición que se hizo desde la mesa del acto en el sentido que “La fuente del pueblo” sea un texto de lectura obligada en los centros de enseñanza de la Bisbal.

Finalmente y al cerrar el acto Los dos alcaldes presentes en el acto, el de la Bisbal por cierto de raíces cueveñas por parte de madre, hicieron de manera respetuosa, distendida y familiar como lo requería el acto, una excelente escenificación del deseo de hermanamiento de la Bisbal y Cuevas Bajas, dos municipios alejados en el espacio geográfico pero cuya historia moderna no tendría ya sentido el uno sin el otro.

Fue un triunfo personal de Manuel Lara, pero también del conjunto de la sociedad bisbalense, hoy sin duda mucho más rica y plena en todos los sentidos que antes de la llegada de los hombres y las mujeres de Cuevas Bajas.