Mirando cómo el río se despeña
y pinta una cascada dulce y grata,
al pie de la imponente catarata
mi vida me parece más pequeña.
Trepando hasta la cima donde enseña
el agua su actitud más insensata,
he visto, chorro abajo, un mar de plata
que sube y de la atmósfera se adueña.
Absorto, contemplando el milenario
fluvial, con la mirada en la corriente,
pensaba en lo mortal y en lo contrario.
El río se suicida y permanente,
regresa, de lo eterno, al escenario.
Su salto engaña, su caudal no miente.
José Tadeo Tápanes Zerquera (Trinidad, Cuba, 1971)