Perdona, soledad

Perdónenme los tristes, los furiosos,

los huérfanos de amores y de abrazos,

los que miran un beso y, envidiosos,

se devoran los labios a pedazos.

 

Perdón a los que hierven en pasiones

y espasmos de alquiler; mis camaradas

de abandono y de sed. Son mis traiciones

inocentes también, pobres y honradas.

 

Perdona, soledad, tanto dejarte,

tanto olvidar tus noches en mi boca;

tan solo ayer te hallaba en cualquier parte

y hoy te he mordido el corazón de roca.

 

Perdóname dolor, si no te espero,

si voy feliz amando a la que quiero.

 

José Luis Mejía (Lima, 1969)